Un viernes mas alrededor de una mesa de juegos. Esta vez estábamos 3, se nota que va llegando el verano y los planes con sol se imponen a las quedadas “indoor”, aunque el grupo de irreductibles seguimos. Para variar, hemos podido echar una partida a un GMT, algo inusual y que suelo reclamar de vez en cuando con escaso éxito. Y para cerrar la velada, de esos de “puzzles” que tan poco me molan, aunque esta vez he quedado gratamente sorprendido, y no he sido el único.
Command & Colors: Ancients. Tras una campaña abandonada a la mitad jugando (y perdiendo) con Romanos, le he quitado el polvo al juego y hemos echado una partida para enseñar/recordar las reglas y poderlo retomar con mas cariño en el futuro. Esta vez, para variar, he jugado con Cartago en un escenario al azar que ha resultado ser Cannae; azar controlado en todo caso, ya que no hay modificadores de terreno ni unidades de batalla con reglas especiales.
Gracias a mi portentosa memoria (sorna), sólo ha sido necesario releer las reglas por encima y recordar que no hacía mucho que habíamos jugado al Memoir ´44, similar pero más sencillo. Unos primeros turnos de tanteo con un jugador Romano muy conservador y uno Cartagines intentando hacer memoria, dan paso a una serie de hostilidades que terminan en victoria por los pelos de Cartago (7-6), tras remontada de un 3-6 y suerte con los dados.
Gran momento revival y sobre todo, una nota mental para automotivarme y retomar mi ejército romano en 15mm.
The Hive. Después de unas partidas jugadas hace unos días que sirvieron como recordatorio, pensaba que iba a ser un rival más digno. A pesar de que sacamos el juego como filler hasta que llegara el tercer miembro viril, realmente fue una demostración de mi poca habilidad en juegos de este tipo (lease Ajedrez y sucedaneos). 5 partidas y 4 derrotas, aunque lo más triste es que únicamente hubo un efímero momento de igualdad en una partida, que rápidamente me encargué de paliar. Inmortalizado quedó el momento espejismo de “vaya, parece que por fin me sale una partida decente”. La clave de la frase es la palabra “parece”.
Qwirkle. Sin duda, el descubrimiento de la jornada. Adquirido hace casi 2 años en las II jornadas Homoludicas (a las que no podré asistir de nuevo este año, esta vez por boda), ha estado en el armario esperando su momento. No está claro por qué tanto tiempo, y menos después de la buena experiencia de 2 partidas jugadas en las que hemos estado los 3 matando neuronas.
No sé si es tan bueno como para darle el premio de “juego del año”, pero si es verdad que mola más de lo que parece. Se trata de hacer líneas de hasta 6 piezas diferentes, en las que el denominador común sea el color o la forma. Si puedes colocar piezas de tu mano que cumpla alguna de esta característica, sumas puntos, y el que más sume al terminarse el pool de piezas, gana.
La gracia del juego es ver las filas en la amalgama de colores y formas. En realidad se trata de un ejercicio en el que el cerebro tiene que trabajar para discernir ambas cosas a la vez, identificar que colores o formas faltan y a la vez, no mezclaro (a lo brain training). Cuesta al principio, pero una vez tu cerebro lo asimila, empiezan los piques y la busqueda de los mejores huecos para tus piezas.
A pesar de algunos momentos de análisis/parálisis (sobre todo de parálisis), los 3 hemos quedado satisfechos y con ganas de repetir. Cuidado que no es un filler, cada partida ha durado más de media hora.





[...] de probarlo la semana pasada, había ganas de echar otra partidita. Y es que que los más sencillos suelen ser los que mas [...]